jueves, 22 de noviembre de 2012

IV.

Había comenzado a llover y a pesar de que era tarde, la gente de lujos continuaba con sus juegos y conversaciones. La pequeña niña estaba preciosísima. Simple, sencilla, algo que siempre solía realzarle un aura interesante a su alrededor. El cabello suelto, desenredado pero mal peinado. Llevaba su gran capelina blanca en la mano y las mejillas coloradas del calor que sentía, los cuales no sabía si eran explicación de un raro clima o si eran los nervios del siguiente encuentro. Resopló, corriéndose un mechón del rostro. Sus ojos, calmos, se entrecerraron con el primer contacto con las luces de la sala de entrada. Acto siguiente comenzaron a investigar el entorno con un brillo curioso. Claro, era cara serena y cansada, tan agotada en pensamientos que se la veía muy tranquila, más que nada, enojada: él no estaba allí.

La lluvia se había convertido en torrencial y era acompañada por un fuerte viento que rugía y amenazaba con dar vuelta todo a su paso. Un gran golpe parecido a una avalancha de agua contra la pared de vidrio delante de ella la sobresaltó y fue suficiente para que un detalle del exterior captara su atención. Del otro lado de la calle, sentado en un banco junto a un poste de luz blanca, estaba el delgado muchacho de aspecto extraño. Inmediatamente y a la velocidad de un rayo la joven se movió entre la gente parada que estorbaba y luchó contra la marea de personas que atravesaban la puerta principal, escapando de la gran lluvia torrencial. A diferencia de todos, ella atravesó las pesadas puertas de vidrio en dirección a la noche. Sin respetar las normas de tránsito, cruzó la calle en diagonal y llegó a él con mayor rapidez. Encorvado como quien no tiene otra forma de protegerse pero con una expresión que parecía no estar afectada por el mal tiempo, la miró y sonrió abiertamente. Parecía ser que en ningún momento había dudado que ella se apareciera.

-      ¿En qué estabas pensando al esperar aquí afuera? – Le preguntó ella o, más bien, se lo gritó.
-      En tus últimas palabras de esta tarde. – Dijo él, sin dejar de sonreír.

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